12.12.2007

Sin peso: un testimonio



¿Existo? Apenas he sentido los días...
Persiste el corazón embebido en salmuera,

tendida mi esperanza en la alambrada,

encogida y corrugada la memoria.

Más ínfimo que una pasa negra: persisto.

El mundo se carboniza de por vida:
un estudiado infierno me antepone rostros.
Delante de mí corceles negros ultiman mi rumbo
y nada me persigue y nadie me reclama.

Siento que no avanzo:
cual raicillas de mandrágoras futuras
germinando inútilmente entre las muescas del asfalto.

Mi receso en todos los planos
padece con rapidez una disipada sapiencia.
Apenas salgo a la luz, tras sobrevivir un poco,
se marchita esta aguzada voluntad metaloidea.

Más de la cuenta, de mí florecen truenos
—y negrísimos— que barren con nociones del futuro,
concentrándome a tientas, como nubes altas.

A las diez acabaré conmigo,
cuando mi padre se haya ido
a rascar la garganta de las minas;
dé inicio mi madre la maniobra de maquilas;
anhelen ambos la vacancia de quienes imposiblemente
andan en su búsqueda, navegando por ahí:
irrecuperables, cuando se han perdido;
irreconocibles, cuando se han hallado.

Y mi alma, con ellos, seguirá por siempre
el halo de una bala de cañón, aún no disparada.

Hanzel Lacayo

Poema tomado de: "La Piedad Sublevada(2007) ©

Fotografía: "At Midnight" (2007) ©

No hay comentarios: