2.07.2008

Never Be (A D.E.R.R.)



A D.E.R.R

Aquella mañana ―de fondo las nubes se cernían sobre la ilusión de las nupcias y un rascacielo se corría como cuantos en tu mirada ciega― lo dije: Es cierto. Jamás olvidaré. Comprendí en mi verdad lo denso: amor concentrado. Pero la uña que roe las cáscaras para encontrar pintura vieja, al fin y al cabo, esa que compuso la obra maestra, también destruyó. Aquella extinción jamás concertaste. A saber, los escombros son mi nueva casa. Jamás olvidaré: color gemido en que el gris era un preludio del ocre: hojas secas, costras, cartas palidecidas por el tiempo, todos tus gestos concentrados en un día entregados al fuero que tú nombraste: recuerdos. La brisa marchitaba los prados sin ti. Todo por un clamor ilusorio de un cielo dejado atrás: de la costilla, mi vida, ante ti expuesta, que tú has sometido cual dardo al cristal. No supe ver la barrera invisible a tiempo, la espada que penetraba sin quebrar por completo el agua, pero yo soy terroso y sólido; ahora me desborono y no puedes reconstruirme. Y sé muy bien que no alcanzaré a consumir todas las dagas y ansiolíticos del planeta, y que no tengo casta ni soy niño de un antaño en una tribu para ser lanzado a los colmillos de un volcán ―y aunque las llamas como una garra que cambiare constantemente de forma me procuraran, ardería más fiel que el tuyo, mi fuego― y es cierto que un fuego puede apagar otro fuego. Mece, pues, mi féretro; lánzalo a los cocodrilos; disecta mi cuerpo ya vencido por tu frente frío que sólo ha derretido aquel efímero ―ya lo verás― rayo de luz. Porque nadie alumbrará más que yo. Porque la luz es la huella y la huella es eterna. La daga pon en mi lengua y será como una miel caliente resbalando por mi lengua. Las uñas clava en mi memoria y serán cual febles plumas que yo utilizaré para hincharme de alas. Y sé muy bien que he de llegar a ti, y sé muy bien que habrás de despreciarme. Estoy hecho una duna, pero ínfimos entreseres dan vida a cada grano de arena; semillas de siempre soñarán para siempre tu lluvia; los frutos de ahora marcescerán dentro de mí y brotaré convertido en una naturaleza muerta. Soy la cera en tu nombre de metal fundido; yeso en tu masa, aguas finales. Y sé que es tarde, aunque trataste, finalmente, de ceder. Esos días de ayer se entrecruzan con los de hoy para forjar los días del mañana como un látigo. La vida es fenecer. El pan es víbora. Todo lo bueno que toco, me muerde. Sólo tú puedes podrirme. Y ya no estás aquí. Estoy congelado en el tiempo: joya de veneno machucada en tu tiesto. Eres mi atmósfera, y ya no estás aquí. Y ya no puedo ser en el vacío que tu vida ha descocido para mí. Déjame morir: más no podrías hacer. Y desde mi muerte te lanzaré una flor que no me puedas devolver, y cuando veas a él en su porte de mármol sereno en su latitud de ciénaga, porque toda su privamera quizá sea arrasada también por otra huella, seguramente te preguntarás: ¿quién es éste al que elegí? Y yo estaré bajo tierra narrándole a las pupas que no comporten alas cuando salgan de la tierra: alguien siempre las cortará; resérvense las huevas, y descansen en las páginas futuras de la paz: silencio mortal, infinito, tan hermoso y doloroso como un grito de algo que en mí para ti no tiene nombre.


Hanzel Lacayo
Fotografía:Fotografía: "Never Be" (2007) ©

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