5.28.2008

Apologético



Quise optar por otra escena: una coronación de guirnaldas bajo el candor terroso de media tarde, flores rígidas, color rasante, globos, quizá, para decir adiós, o la ración diaria de tus rostros conocidos, lo mucho de pájaro que se pudiera haber hallado entre los sauces y los rascacielos, si acaso se pudieran abrir de par en par como tu herida o la semilla que conmueve al prado que la exhorta a convertirse en árbol.


Pero estas paredes de hielo, esta gran osamenta cuadrangular con entreluces que laceran las cortinas y un paisaje de gis que se escurre junto con el violento rocío de los cristales azúreos, son todo el caos que pudo darse, y no por ser inertes las manos que sombrean la frente con el pulgar en la unción, o muy distante el trastoque de látex de las enfermeras cuando drenan los tubos de tu vientre que permanece sereno e inmutable como un dios, mi alma no dejará de temblar al final de la casa adonde no pude llevarte a tiempo.


De nada serviría consignarte estas líneas una vez que hayas abandonado tu cáscara, y por cuanto de la misma forma en que estoy bastante relacionado con la inhabilidad de recolectar esos poemas para rendirte honor en el ojo ciego del calvario de alarmas y sirenas, pido perdón por no haber terminado de escribirte el libro en el que prometí bañarte. Sé que nuestra cita está pendiente, y que será cuestión de horas antes de que cemente mis huellas digitales con jabón antiséptico.


Tu anchura entonces se acostará en los surcos de la palma con que cerraré este capítulo de polvo amasado con la leche del principio y los fluidos finales. Esta idea cercará mi cuerpo, y me impedirá pasearme por las veredas con una cara corriente. Esta deuda será mi sonda, y todo lo que a través de ella fluya, será cual alimento sin digerir para un polluelo.


Tendría que inventar una necesidad mayor para sacar a relucir el cielo de este sótano, un arrebato de pliegues mordidos que forjen mi croquis, y la boca como un panal oscuro sin abejas, y la nariz como un túnel estrecho por donde sólo aromas letales penetren para converger y decir entonces: así huelen tus últimos días, tus últimas palabras...


Pero no podrá ser hoy, madre, y bien sé que si pudiera serlo, ya tus ojos bajarían el telón para volcarse a su propio plectro, casi como si fueras esa mujer extraída del espejo que todas vosotras urdís con una apariencia de presteza descocida, al momento de pasar algodón al maquillaje y descubrirse la calavera cubierta. ¿Dónde se puede colocar un vacío así, madre? No sé cómo crear un paisaje para vivirlo.


Mientras tanto, levanto la carpa y la clavo por sus cuatro costados con material idéntico al de tu cruz múltiple. Velo cada lamentación que es como una seda que cobija mi letargo. Una réplica de Plath vigila al margen de mis cejas cómo letra asciende para borrar esquela, y tu dorso es un tesoro que prorrumpe de la tela, sudoroso y lento, con la ternura del monstruo acostumbrado que no podemos echar de la mesa donde todos comemos la sentencia y quebramos sus misterios de castaña. No se puede hacer chimar la tinta para que su sangre entre por los codos, y es preciso que aprenda a vivir sin palabras antes de atreverme a ensuciar tu memoria. Tercas son las falanges, y las uñas no pueden gastar el piso para abrir el hoyo en donde colocar la cabeza. Ninguno de nosotros supo ser buena avestruz.


Entonces pienso que no habrá caída más honda que la mano que apunta hacia el cielo que no derriba después de agotar sus recursos, ni aplomo más doloroso que la renuncia de los sesos por dar cabida al corazón en un podio donde las decisiones son delimitadas por la muerte, ni mayor pico ruinoso con que horadar mis entrañas que el sordo canto de unos ojos eclipsados que gritan sin decir nada, y la filosofía muda de los frascos de medicina, y los rostros angustiados de los convalecientes colaterales, y las colchas que no calientan la esperanza, y la carne acariciada por las garras de la morfina, y el aire más frío que la piedad del Loki, y la visión del embalsamamiento prendiendo su garfio en los párpados, y la dulzura hecha de sazón con ácidos licores amarillos.


No quiero enterarme de la música, y que la velocidad es esta música, y que el horror es esta música de la cual no logro despertar, y continuar aún creyendo que lo que cayó sobre nosotros fueron siseos de agua, y no flechas.


Hanzel Lacayo

5.14.2008

Hanzel Lacayo en Quinto Encuentro Internacional de Poetas "El Turno del Ofendido", El Salvador



Lecturas de Hanzel Lacayo


Sábado, 17 de Mayo

Hora: 3:00 PM
Lugar: Casa Comunal de San Antonio Los Ranchos de Chalatenango
LECTURA DE POESÍA
Participan: Victor Casaus, Roberto Becerra, Hanzel Lacayo, Jonatan Lépiz, Francisco Andrés Escobar y Antonio Aguilera.


Hora: 8:00 PM
Lugar: Café Cultural La Lumbre
CONVERSATORIO: CENTROAMÉRICA , ¿DUERME?
Participan:
Hanzel Lacayo, Jonatan Lépiz, Roberto Becerra, Javier Alvarado, Marvin García y David Juárez.

Lunes, 19 de Mayo

Hora: 10:00 AM
Lugar: Casa de la Cultura de Panchimalco
LECTURA DE POESÍA
Participan: Hanzel Lacayo, Javier Alvarado, Andy Young, Khaled Hegazzi y Antonio Aguilera

Hora: 3:00 PM
Lugar: Colegio Abraham Lincoln de Aguilares
LECTURA DE POESÍA
Participan: Hanzel Lacayo, Javier Alvarado, Andy Young, Khaled Hegazzi y Antonio Aguilera

Martes, 20 de Mayo

Hora: 10:00 AM
Lugar: Casa de la Cultura de Suchitoto
LECTURA DE POESÍA
Participan: Hanzel Lacayo, Javier Alvarado, Andy Young, Khaled Hegazzi y Antonio Aguilera

Hora: 6:00 PM
Lugar: Cancha Pública de BKB de Aguilares
LECTURA DE POESÍA
Participan: Hanzel Lacayo, Javier Alvarado, Andy Young, Khaled Hegazzi y Antonio Aguilera

Miércoles, 21 de Mayo

Hora: 10:00 AM
Lugar: Complejo Educativo Delfina de Díaz de Guazapa
LECTURA DE POESÍA
Participan: Hanzel Lacayo, Javier Alvarado, Andy Young, Khaled Hegazzi y Antonio Aguilera

Hora: 7:00 PM
Lugar: Café Cultural La Lumbre
EL VERSO INTERMINABLE
VENTA DE LIBROS Y LECTURA DE POESÍA
Participan: Todos los poetas

Jueves, 22 de Mayo

Hora: 10:00 AM
Lugar: Universidad Don Bosco de Soyapango
LECTURA DE POESÍA
Participan: Hanzel Lacayo, Javier Alvarado, Harold Alva, Rei Berroa y Ricardo Lindo

Hora: 3:00 PM
Lugar: Instituto Nacional Albert Camus de San Salvador
LECTURA DE POESÍA
Participan: Khaled Hegazzi, Andy Young, Marvin García, Hanzel Lacayo y David Juárez


Viernes, 23 de Mayo

Hora: 10:00 AM
Lugar: Casa de la Cultura de Panchimalco
LECTURA DE POESÍA
Participan: Vladimir Luis Tirado, Javier Alvarado, Hanzel Lacayo, Lauri García y Roberto Quezada


Bañando a mi madre

I

Sin vernos a los ojos comimos el pan juntos.
Nos untamos pasta pura de la muerte,
remojándonos en agua turbia,
fiera más y aún salada que del Nilo
palpitada la sal y en un beso final
tú y yo congregados: inútilmente,
viva mente, vagamente:
más hijo tuyo que tu padre mismo.

II

Madre: tú lavaste mi herida
a costa del escollo de tu herida,
eternal en la muerte que tomaste
como la bandera es incendiada a fogón.
Ahora estoy lavándote, madre, degustándote;
regresando a mí mismo: pan de mi sangre.

III

Era craso tu cabello si ondulado a mi alcance.
¿Por qué no se enroscó en mi cuello
y en el corazón hecho añicos
y en el incontenible dolor de mi carne,
cada uno de mis folios
como cortes de mamífero?
Me hubieras sedado así,
seducido verdemente hasta matarme,
sin saberlo, madre, cuando aún era tiempo.

IV

Tu peso muerto está troncado en silos
y espejos oscuros que no atino a resentir.
Como tú yace ahora el endeble carmín.
Pronto hecho todo llanto en tu polvo
tu recuerdo se hará polvo de mi sangre.
Sin persistir durante mucho tiempo,
nadie sabrá ya de mí quién es
hielo u hombre, u hombre que quedaba.

V

El viento sopla sin raptarme.
De tanto reptar, he anclado en algún pecho.
¡No sé de quién se nace!
¡No compete a mis escalas de dolor!
Florecida de raíces, quedas:
torso duro, fuste terco;
consagrante rigor de la piedra que yo era.
El viento sopla sin raptarme,
y por algo ha de soplar.
Han de estar creciendo flores sepulcrales
en tu sabia, pasta que tumba las entrañas.

VI

Pienso en el cielo de un lago:
un gran ojo terrible que embadurna a uno de brea
cuando debajo de él mis manos,
las flores que te pongo, no te tocan.
Es un dorso imposible tu abrazo,
el cuello que se cansa para siempre.
Todo muere, en un segundo
el mar se consume hasta cenizas
como el nombre que te puse,
corroído por los cocodrilos.
Así quedaste: juicios de la piedra
en el serrado filo de un borde sin abismo.

VII

Por más que los invoques, no aparecerán.
Los lobos, madre, para acelerarnos las guadañas.
El relente de cal y de hiel y esta sangre
jamás podrán servirme del todo sin ti.
Y solo en el mundo, siento que este mundo
debería arrodillarse para serte fiel como un niño
y hacerte perdurar más que el granito
que se hace polvo entre mis manos.
Antes que las malvas, es preciso
que las flores y las piedras se levanten.

VIII

Madre, sálvate; sálvate de las ondas mecánicas.
Más tener quisiera vuelo que no supusiera
estas alas de salva: no las ves, están aquí.

Serán tuyas si regresas a este lado de la tormenta,
estrellas y vacíos nunca sidos.
Ríe para siempre, no te dejes doblegar
ante el gesto incoloro del vacío,
su blanco beso raído como hueso
de hiena reluciente en la vajilla.
Para que no me llegue tu muerte,
espada de todas las nieves,
o el desperdicio del tiempo
demoliendo mis carnes
como los cien mil ojos brillantes
de cien mil enfilados huracanes
y los miles de terceros ojos
de sus agitados corazones.

IX

Apártame con tu mano
hecha sólo de una uña viva.
No tengo cara para el paraíso
―infierno de mis paraísos―;
tendría que inventarlo y ya no hay tiempo.

Quiero que te entierren en mí, y no en la tierra.

Hanzel Lacayo
Serie tomada de: "Días de Ira" (2008) ©