6.22.2008

Last Window



Esta es la ventana más hermosa que he visto en mi vida. Es la ventana de una de las habitaciones del Pembroke Memorial Hospital, donde mi madre pasó sus últimos días antes de morir. La ventana tenía un sedazo que hacía parecer al mundo una pintura. La pintura daba la impresión de ser fácilmente penetrada. Entrar en ella, sin embargo, hubiera equivalido a saltar desde el tercer piso, y uno así sólo podía palpar la distancia de unos sobrios edificios con los dedos.

Frente a una ventana el mundo desenvainó su dogal caliente para herir de por vida mi frente frío. Frente a una ventana, después de tantos meses de distancia, te volví a ver, y me abrazaste fuertemente para decirme que me amabas, que hubieras deseado que las cosas hubieran resultado diferentes. Hubieras dado la vida por ello, pera entonces ya no te quedaba más vida, y lo poco que tenías me lo diste enlazado a la fortuna de una despedida prematura.

Yo también quise abrazarte fuertemente y decirte que te amaba, pero las palabras no brotaron ágilmente. Se las tragó un suspiro que probablemente tampoco escuchaste, y este vacío carcomió mi mente con un terror de termitas rugientes. Quise abrazarte fuertemente, pero estabas tan frágil, tan pequeña entre mis brazos, como una niña, que tenía miedo que esos brazos pudieran haberte hecho perder los últimos pétalos.

Con los días, he comprendido que no podré liberarme de estas reminiscencias. He ornamentado mi vida como me lo sugeriste, pero las flores siguen siendo plásticas. He desencostrado la pared de enfrente para tener una imagen de limpieza, pero hasta el blanco ensucia mis entrañas. Los momentos de felicidad son intrascendentes como el pasto, la tierra y los pájaros: mi vida podría continuar incólume y deseca sin cualesquiera de ellos, y nunca tendría la necesidad de pensar en un lugar donde vivir si tan sólo te tuviera. Sin embargo, persevero; trato de sentir que no has muerto. Coexisto. Miro las fotografías, y siento que la muerte no ha acaecido, y en momentos de privación y enclaustramiento, descubro que mientras más trato de salir a la fuerza y reintegrarme, más rápidamente me detengo.

El mundo en el que trato de insertarme tiene tantos colores brillantes y la mayoría me resultan ajenos. No es como el edificio tras la ventana, que parece arder y descorrerse en humo. El mundo que quisiste para mí, en cambio, tiene garras, no existe todavía, y nunca será igual sin ti. El protomundo sigue henchido y manifiesto, y no se derrumbará con estos trastoques de amor en el fuego. Dime: ¿adónde más podré ir? ¿Hacia qué cenizas marchar?

El paisaje de esta ventana fue el último recuerdo visual que te llevaste del mundo. Luego, el sedazo de tus párpados cayó sobre tus ojos, y tu visión quedó únicamente volcada a la oscuridad de tus cuencuas. Sólo te iluminó así la luz de tus memorias, apiladas unas sobre las otra, como una tarta nupcial, y hoy subo esta fotografía con toda la nostalgia que me queda, para mostrarte el último pedazo de esa tarta.

Subo esta fotografía como un grito de socorro, una señal de humo. Si acaso puedes verla, desde donde quiera que te encuentres, quiero que la llores lo que tengas que llorarla, y después la borres de tu muerte. Quiero que huyas de este embuste, de esta efigie que no logro todavía arrancarme de la mente. Quiero que saltes, madre, y vueles.

Hanzel Lacayo

Fotografía: "Last Window" (2008) ©

6.10.2008

30-05-08


Pues, creo que este es el adiós, por ahora. Siempre tengo en mente el sueño y aquel deseo que sólo tú y yo sabemos, pero creo que pronto habrán unas cuantas goteras con las que lidiar. Es imposible quedarse callado ante tanto orate. No me puedo comunicar.


Quisiera ser más persistente en cuanto a lo que te prometí, pero no me dejan cumplir. Será cuestión de tiempo. Ahora, no me culpes por odiar el 30 de Mayo, aunque tú lo hayas elegido; no puedo amar y odiar un mismo día a la vez. Quizá cambie de parecer, con el tiempo. Por ahora, no puedo hacer más cosa otra que guardar silencio.

Aún no he terminado de escribir tu libro, pero estoy cada vez más cerca. Creo que lo anexaré a otro, como he venido haciendo con los anteriores; hay ciertas piezas incompatibles, irreconciliables, pero ya hallaré la forma.

Bueno, esta era una breve nota; quería subir esta ligera fotografía para recordar esa tarde. Un pequeño obsequio innecesario, que seguramente hubieras adorado.

Besos, madre.

Hanzel Lacayo