12.21.2009

Fabulación de un cuadro que arde


Como si la tarde hubiese sido
petrificada a puro pincel,
rosa, ocre y naranja
prendieron fuego a los pastos.

¡Un fuego de cezánneanos!
Alrededor del cual a un bosque
extraviaste en tu propio regazo.

Donde fuera que hubieras estado
hacías siempre de centro del bosque,
la toda razón de los irrazonables
óleos primaverales.
La mesa de té se encendió
en el reflejo de tu pupila en el cuadro.

No podías hacer otra cosa;
me expulsaste del lado contrario.
Tendiste un puente, mordí el lazo,
entré al cuadro y al fin pronunciaste
la cruenta nota: sí.

¡Y todo se hizo música en las cosas!
¡Y todas las cosas hiciste música!

Al regresar, el mundo se petrificó en silencio.
Lo vivo hiciste pálido.
Lo suave hiciste espeso.

Todo lo que veo yace en blanco.
y he tenido que prender fuego al cuadro
para que no dejaras entrar más colores.

Todavía es hora y el fuego
no se ha decidido a consumirte.
A veces, por ti, yo también
he querido prenderme fuego.
Hanzel Lacayo

12.20.2009

El Secreto



Si con una mano arrullas las astillas
pon hatijo con otra a la colmena,
y con ambos pies al averno entra
si así lo requiriera tu cuerpo prístino.
Porque tú me has dicho: ¡calla!
Y no puedo ofrecer más veneno
si mi lengua ha secado sólo
porque aterrizaras en mis labios
una amenaza de yemas.
Hanzel Lacayo
Fotografía: "Carry On" (2009) ©

10.27.2009

?


Is there something
in the world
I could tell you
that could touch you
in your depths
and make you change
of shape and substance
to see the world
with different eyes
and feel the things
-and things that live-
with different hearts
so you may rest
from life and hell
that is the world?
Hanzel Lacayo

Fotografía: "Ephimere Vs. 1" (2008) ©

10.05.2009

Beso los clavos

Esta es una entrada informal, así que voy al grano: otra vez soñé con vos. Soñé que estábamos juntos, tal a como comenzamos, a miríadas (oh, cómo me encanta esta palabra) de metros incorpóreos lejos del mundo. Entonces empiezo a preguntarme si realmente las cosas están dadas a terminar ahí donde comienzan: es decir, si las cosas pueden volver a empezar. Lo cierto es que el sueño sofocó mi domingo y me clavó duramente a la cama.

La idea hace temblar mis vísceras. Al fin y al cabo, una ensoñación es una ensoñación, y por eso quiero decirte que nada tiene sentido: siempre logramos sobrevivir. La sangre siempre fluye a borbotones por el carril correcto y, aunque el lomo tolere un poco más esa dolorosa carga intangible, no por ello los pies caminarán más cansados. El truco es mantenerse -tal a como lo dictamina la canción-: por siempre respirando. ¿Qué es lo peor que podría sucedernos?

Es cuando me siento un poco más humanizado: lo peor que podría suceder sería que, habiéndote dejado ir, el rencor te retuviera, lazada roca a la espera, y todo lo que de vos surgiera fuese: tormenta, escozor, barco de guerra, en ese plano adonde apenas me atrevo a hacer acto de presencia, porque tengo miedo de dubitar, cometer una locura, pedirte cosas irreversibles.

Como te dije en el sueño: ningún año dura para siempre. Todo fue verdad; incluso, las mentiras. Y con esto sólo quiero abrir la presa (a mi mente aterriza la nueva canción de Thom Yorke -Open the floodgates-) para ver si esta vez te lleva el río. Estoy seguro, incluso, que sos el río y te has secado, pero yo te sigo correr del lado de los siglos que no han sucedido aún y el millón de botes que en sus aguas se destruyeron...

Hubiera dado todo por sentirme verdaderamente seguro sin arrepentirme, por no ser esa rama torcida en medio de tu jardín de árboles verticales. Que todas las fuentes estuvieran claras para que tomaras, mientras acariciara tus garras cansadas, y no te cansaras de tomar, tomar lo que te pertenece. Ahora, los escombros de la traición no tienen importancia pragmática. Si lo pensás bien, todo lo que decís odiar, todo eso a lo que creés ser indiferente: no existe. Ha muerto. Y como inconscientemente te dije en un poema: ¿Qué puede hacer la muerte contigo que no hayas hecho aún conmigo? (Me pregunto si habrás leído aquel mensaje cifrado de hace meses).

Me siento inmune y contemplativo ahora, mordiente al pie de la duda; quiero dar un salto, pero no me atrevo. Vamos, di. ¿Me dejas ir? Como sea, estaré bien... Beso tus clavos, aún frescos.

Hanzel Lacayo

9.08.2009

Algunos datos biográficos



Sin ti salí ferviente: padecer
no fue más que otro verbo para vivir.

Choqué las piedras y desde entonces
no añoré la humedad de la caverna.

Las cizañas, como propelas,
espantaron el recuerdo de las flores paradisíacas.
Mi licor sangriento entró en calor.
Puñal el sol y escozor a los talones
cuando crucé el desierto
y vi que todo podía funcionar distinto.

Cómo el pecho se inflama de sufrimiento
y brotan botones de los deseos,
tengo la oportunidad de ser galante y superior,
doblegar descendientes,
pasearme sin mayor necesidad
que hacer de antiar en el huerto de Dios.

Y así, todo lo que no podré explicar,
sin ti regresaré a ti a decírtelo.

Hanzel Lacayo

Fotografía: "Dead for winter" (2009) ©

7.08.2009

Llegué Tarde

Llegué tarde, cuando mis dedos
lastraron la espuma como en su dolor
lo hubieran hecho anclas levadas.

Sembré con gusto las semillas en la espuma,
pero ésta era la espuma de otro océano.

Estaba ahí, violenta, como una piedra
que flotare para nadie en la inmensidad
y la que sin amorosa intención
se me hubiera acercado para decirme:
Llegaste tarde; no era cierto.

Te recogí con un pudor que se escurre,
y a pesar de la ficción, tu sal cayó del cielo,
envenenó lo yerto en mi cuerpo,
y si bien son vetas de hielo
las que ahora emergerán de mi deseo,
nada lograré con ello.
Llegué tarde.

Mi mente cuajó en el mejor papel para eso
como en el cuadro idealizado
tu cama estaba llena hace tiempo
por una viscosa presencia a que se asen
flores ya cortadas que no se secan.

Podría hacer de esto un poema;
llave precisa para abrir la nueva puerta,
mas soy un barco de papel no escrito
y nada me atreveré a hacer contra esa marea.
Casi siempre, no basta un poema.

Llegué tarde, y aún espero,
y sé que el futuro es más que el terrón
que lame la solidaridad de tu agua en la tasa.
Te bebo a pesar de eso.

Aunque no se encienda en agua fría el tilo
y tampoco lo hagan las adormideras;
todo lo que depuse sobre las ilusiones de guerra.

Este poema es el primer y último
mensaje de botella.
Así soy en mi masa:
sumerjo mis armas,
me guardo en las velas,
ato mi suerte en el mástil
esperando que endurezca.

Y siempre me quedo solo con mis poemas…

Hanzel Lacayo

Miércoles 8 de julio de 2009

P.s: Poema basado en hechos de la vida irreal.



7.06.2009

Los Miserables


A la reunión acudieron sin excepción todos los espectros, monstruos, híbridos de bestia con hombre y mártires doncellas que, para saciar la furia de los dioses, fueron lanzadas a lagunas y volcanes, sin dejar fuera a las ancianas enloquecidas por el renuente retorno de sus capitanes de la feraces hecatombes de ultramar. Su encuentro no fue precisamente en aras de la juerga. Tampoco lo fue para beligerar ni mucho menos para discutir sus simientes genealógicos, ya que a todos había precedido la misma semilla que dio luz y oscuridad a sus entrañas.

Tres noches atrás habían planeado el ataque. Sin embargo, se consideró a última hora que era necesario llevar a cabo una reunión con el objeto de limar malos entendidos, afinar estrategias y engrosar la valentía de todos los espíritus, muy gráciles e ininteligibles para esa clase de querellas.

Fue así que la Muerte Quirina, quien llegó tarde porque casi fue devorada en el camino por unos indigentes, bajándose de su Carretanagua destartalada y habiendo antes enrollando su blanco sudario entre costillas para que la vieran más gorda, chasqueó sus chapas cariadas y cortó el hielo imperante de la noche:

—¿Estamos seguros de lo que vamos a hacer o no?—preguntó, acuciosa, a la demoníaca multitud.
—Sin objeción, esquelética señora. Hoy haremos nuestra gran aparición—gruñó el Coyote.
—Resulta inaudito que hayan mandado a adoquinar y pavimentar todas las calles—añadió en seguida la Muerte—sin piedras, el retruécano de mi carreta infernal no se hará oír, y con esta lluvia ácida, que ha enconado y enmohecido la madera en que fue labrada, no lograré llamar la más mínima atención.
—Al menos el cementerio te guarda interminables pretendientes—refunfuñó la Chichona, trenzando su cabellera infinita—a mí los hombres ya ni me miran, dizque porque tengo senos muy chicos, y en el supramundo, al cual no me es permitido ascender más que para ejercer el oficio del espanto en el que, por vieja, ya no soy muy diestra, los implantes son costosos.
—Era de temerse—suspiró la Llorona, sollozante, con lágrimas vivas atravesándole las mejillas—los hombres ya no se fijan en las beldades legendarias. Hoy en día todo obedece al arquetipo de la máscara. Los implantes te aseguran el futuro, y qué decir de los perfumes hechos en retortas industriales, al modo de la plasticina: todo lo que pueda aplacar mis vahos vaginales y mis lágrimas.
—Dímelo a mí—renegó una doncella ahogada en Xiloá—con los deslaves, las descargas contaminantes, la sedimentación y la eutrofización, mi cabellera se ha colmado de parvadas, algas rojas y rastrojos que arrastra la corriente. Me han llegado a confundir incluso con Medusa, y si el pundonor machocabrío ya no es mucho yugo para la sierpe que llevamos dentro todas las ánimas traicionadas, menos desearán juntarse con una que tenga serpientes por cabellos.
—A mí esto del cambio climático me viene en gracia—dijo el Güegüense, quien estaba hastiado de fingir algarabía—Es pura ficción del animal postmoderno para que nos mudemos a otra parte. Ya ven que en tierras extranjeras se nos reconoce y ama con mayor impetuosidad.
—Sería equivalente a echar raíces sobre la Antártica, cuando nuestra hamaca ha sido siempre de una naturaleza muy cálida: flamígera tierra de lagos y volcanes. Pereceríamos al instante—dijo el Viejo, mientras la Vieja se rascaba las greñas y, apoyada en su bastón, añadía a continuación:
—¡Pero eso es sólo tribulación, Viejo lerdo! No es objeto de discusión, si somos adaptables o no, sino lo que hacemos con los lagos y volcanes, y si lo hacemos sosteniblemente.
—La adaptación no se discute; la sostenibilidad no es más que ensueño. Lo que más atiza mi fuero es saber que nos inventan para luego relegarnos al olvido—dijo el Viejo de Tisey, ante cuya intervención la Vieja le guiñó su ojo caído, recusándole su terrible voluntad por secundar opiniones de terceros, razón por la cual solicitaría el divorcio.
—Más que olvidarnos, nos confiscan a un deprimente tráfico de tradición, y mientras nos quedamos sin nicho, transmontamos a países más fríos mientras nuevas, frías tradiciones vienen a invadir nuestro país. Es un hado terrible, como un ocho—asintió uno de los duendes, a punto de inmigrar tras haber perdido todo su oro a causa de los elevados intereses de los Bancos.
—A pesar de enriquecer el país con nuestra sabia mítica, nos ignoran—mugió el Toro Venado— somos un grupo muy vulnerable. No pertenecemos a ninguna religión para ampararnos en la iglesia ni nos incluyen en los planes de Gobierno. Y con la globalización encima y la naturaleza por debajo, vamos de mal en peor. ¡Peor!
—Yo a quien más temo es a la radiación—interrumpió un fantasma de una olvidada casa embrujada—todos piensan que por estar hechos de ondas de luz, los espectros no poseemos piel, pero incluso a nosotros nos reviste una delicada capa de fotones de baja energía. De seguro al enano cabezón ni le importa, porque puede esconderse debajo de las faldas de la Gigantona, pero yo, ¿qué?
—¡Calma! Nos estamos desperdigando—aulló una Chancha Bruja, que era la moderadora—la razón por la cual nos reunimos es para confrontar la situación de una manera proactiva. Acrecen en quejas y carecen de respuestas. ¡Enorgullézcanse de su identidad!
—No se trata de un dilema de identidad—replicó una Cegua—a ninguno le interesa ese aspecto. Demandamos sólo un poco de atención. Esa, al fin y al cabo, es la pólvora de nuestro móvil. ¿O no?
—Estamos de acuerdo. A veces nos sentimos solas—dijeron unas siamesas sin cabeza—y no por eso vamos a recaer en el elitismo espectral. El hombre postmoderno tiene que revitalizarnos.
—¿Pero no hay una solución más práctica?—repuso una doncella sacrificada en el Volcán Masaya—¿No creen que es un problema de mercadeo y publicidad? Podríamos acaparar la mentalidad de la gente con muñecos vudú, bebida oficial bajo un lema iconoclasta, desfiles de moda underground, qué se yo.
—Por favor, yo hasta le doy risa a los niños—dijo la Mocuana—me tiran piedras cuando los invito a pasar a mi cueva para convidarlos a manjares envenenados. Están más interesados en la última versión de consola con imágenes en tercera dimensión que en los sanguinarios desgarramientos reales. Con sus rifles de balín han matado casi a todos mis murciélagos.
—Por eso vamos a darles esta ligera ayudadita—apuntó Chico Largo—pactemos, pactemos.
—Yo no sé—titubeó la Gigantona, dando vueltas a gran velocidad al ritmo de maléficos tambores—yo ya con costo y me dejo ver por las noches. El hollín diurno de las emisiones vehiculares se ha depositado en los ribetes de mi indumentaria y tengo esta incurable angina de pecho que me está matando. Además, no creo poder asustar a nadie con esta inmutable expresión de sonrisa facinerosa. Me corren de las avenidas y me lanzan improperios desde las ventanas de los restaurantes lujosos.
—Bueno, bueno, está más que claro—apuntó la Muerte Quirina—se nos está acabando el tiempo. Tomen ya sus tridentes, riendas, chuzos, bates y morteros y marchemos en nombre de la dignidad demoníaca. ¡Vamos todos por la causa! ¿Estamos listos, entonces?
—¡Estamos listos!—gritaron todos con efusión, y abriendo un portal sideral, se precipitaron dentro, exceptuando los cadejos, cuya entrada les fue negada al ser confundidos con perros callejeros tras casi robarle un par de huesos a la Muerte Quirina.

Y fue así que todos rebullendo, todos emergiendo del bosque, se levantaron contra la capital.
Al llegar, todas las construcciones parecían ornamentadas para la ocasión. Esto fue considerado ventajoso por algunos; a otros les dio igual, y sólo tres o cuatros pudieron ver en los arreglos una premonición irónica de fracaso. Éstos se quedaron sentados en la orilla de la carretera, observando cómo el resto perdía su tiempo tratando de asustar en vano a los managuas, quienes con risas los acogían para luego lastimarlos con glaciales miradas de indiferencia.

Así, minutos más tarde, se conglomeraron en la Rotonda de Metrocentro y procedieron a bañarse con el agua sucia de su fuente. La mayoría se sentía decepcionada, sobre todo los que habían emprendido una larga travesía para unirse al ataque con ínfulas de victoria y quienes provenían de la mente de personas que aún no habían nacido para inventarles:

—Creo que no maceramos bien nuestros planes—protestó la Mocuana, que estaba en ese momento a punto de robarse a uno de los niños de la calle para reponer al suyo—la próxima vez tenemos que tomar en cuenta las nuevas costumbres de los humanos, y no confiar a la Muerte Quirina, quien no tiene ojos, la consulta del calendario de actividades antes de precipitarnos contra todos en una noche de Halloween. ¡Quién iba a creerle a esta multitud de miserables!
—De mí incluso pensaron que se trataba de una persona. ¡Qué horror!—se lamentó la Llorona, cubriendo su cuerpecillo desnudo con la envergadura de una palmera—¡Vayámonos ya! ¡Vayámonos ya! ¡Ahí viene La Chamucaaaa!

Hanzel Lacayo

Fotografía: "Corn Cycle" (2008) ©

6.11.2009

Fragmento de "El Paraíso Anterior"


(...) "Esa tarde Dios entró a la cueva sin avisar, haciéndose transportar por un carruaje de bueyes alados con rojos ojos infernales, que entonces no tenían el significado que ahora tendrían si, en un repente, Dios descendiera del Cielo mismo con una impronta de ese mismo carruaje, y durmió a Adán con un polvo de sirca y miel cristalizada que molió entre las yemas de sus dedos para que delicadas moléculas de su piel etérea y su sudor sacrosanto colimaran los ingredientes en una suerte letárgica de hechizo.
Clavó meñique e índice en las costillas de su hijo, y haló, haló y haló, hasta que la costilla, casi tan lucia como colmillo de mamut, refulgió irreprensible ante su semblante anonadado, refractando la imagen de su rostro inclemente sobre la pieza única. En el hueso, vio su cara irradiar en demasía curiosos destellos de soberbia y vio que este era un indicio de que la existencia de Eva era algo más que bueno. De otra forma no podía suceder.
La propia invención de Eva lo llenaba de júbilo cuando procurar éste es casi siempre imposible para un dios, pero para él todo era posible, y sopló, sopló, sopló, dentro de la solidez de la costilla, y cantó, cantó, cantó, dentro de la mudez de aquel falso cuarzo, y ordenó, ordenó, ordenó, al espacio medular de los cuantos, que Eva surgiera de ese hueso, toda carne, uña y cabello, y mandó a poner jugo de caña en sus fluidos, y a malear hilos de oruga para diseñar la capa de la piel, y un tanto de brea de los pantanos para dar el candor necesario a la cabellera impetuosa, y juntando uñas de índice y pulgar haló y haló y haló, hasta que pezón irrumpió donde en Adán sólo vislumbró llanura, y porque en el fondo de sus vísceras celestes consideraba el apéndice fálico como un vulgar señalamiento de su error, lo redujo a dos semillas ovaladas, carraspeando en la entrepierna como si se tratara de una trompeta que anunciara la llegada de una mesías, formando las delicadas trompas de Falopio y el ancho ánfora del vientre.
Así nací, según especuló Adán, quien alcanzó a ojear un poco de los artilugios de Dios, quien fue entonces la primera semilla de la manzana. Cuando abrí los ojos, Él ya se había marchado, y la primera imagen que avasalló mis ojos fue la de un vívido creosonte con cuerpo de gabarrero, fortalecido en la visión de una creatura tan similar como diferente a él, y mi primera palabra fue un balbuceo de vida que en lenguaje de aquella edad nebulosa debió significar algo glorioso. Sobre la arena morena de la cueva, que se hallaba próxima a un arroyo, mi sangre empezó a correr y la piel se tensó como flecha a un arpón, y mi lengua adquirió rectitud como un cadáver que sólo pregona podredumbre y, sin embargo se levanta entre los muertos, entre aquella fascinación de las bestias que, enfiladas circularmente alrededor del perímetro de la última creación de Dios, mugían y grajaban, rugían y pululaban en una sinfonía estruendosa que hacía temblar las cimas de las montañas y crujir las cáscaras derretidas del fondo de aquellas tierras.

Pero fue la sola mirada insaciable de la belleza, la que hizo borrar el efecto avellanador de todo aquel ruido al que Adán parecía estar ceñidamente acostumbrado: la incisiva y vigorosa mirada de la serpiente, el animal más fascinante que había visto sobre aquella la faz ultraterrena." (...)



Hanzel Lacayo

6.10.2009

Carta sólo para vos


Te quería decir algo. Si no sabes quien eres, mira la fotografía y lo recordarás. Como no quiero que nadie más lea y no me atrevo a escribirte al correo, guardé el mensaje en un archivo comprimido al que le puse una contraseña dentro de otro archivo compromido. Sólo tú, creo, conoces esa contraseña. Es mi "comida favorita" (siempre te pareció algo ridícula), compuesta por 3 palabras. La primera palabra empieza con la letra "p", la segunda palabra es la preposición "con" y la última letra de la tercera palabra es la letra "a". Cuando la tengas, la escribes toda junta, en minúscula, pues te la pedirá cuando descomprimas el segundo archivo. Puedes bajar el mensaje desde la dirección siguiente: "http://www.mediafire.com/?rymzl5yjaez". Ahora, cosa que no creo: si acaso llegaras a leer el mensaje, debo decir que no es necesario que digas nada. Igual, sé que no lo harías. Puedes llamarme y quedarte en silencio, y sabré que eres tú, y será... hmm, interesante. A pesar de todo lo sucedido, me siento muy feliz por ti, y eso, para mí, es suficiente.

Hanzel Lacayo

6.08.2009

Bocetos de Diálogos de "La Identidad"


Existió un momento en el cual tenía una novela bastante avanzada. Se llamaba: "La Identidad", y trataba sobre los inusitados encuentros de dos jóvenes que lucían exactamente igual. No eran hermanos gemelos, sino uno solo: ellos mismos, copias de sí atrapadas en el sueño de un tercero (el original), que se hallaba en estado de coma y quien estaba a cargo de soñarlos.

Hubo un momento en que también me dediqué a preparar bocetos de diálogos entre ambos, que posteriormente refiné para insertarlos en la novela, sin embargo, tras el inevitable formateo de mi laptop, perdí para siempre los avances, y todo lo que quedó fue la primera versión de los bocetos, que ayer, por casualidad, encontré en mi memory stick, junto con un borrador de los primeros cuatro capítulos.

Para depurar el hiriente sabor que debó en mí tener que decirle adiós a la novela (por ahora), he decidido compartir los bocetos. Pueden descargar el archivo del link siguienet:

Bocetos de Diálogos de "La Identidad"

¿Por qué hago esto? Porque los estuve leyendo y me gustaron. Son sencillos, ingenuos y honestos. No sé qué se me pasó por la cabeza cuando los escribí; no siento que haya sido yo. Si alguna vez lo fui, quiero ser ése de nuevo. Ojalá les guste.

Hanzel Lacayo

4.07.2009

Un poema: a propósito de Semana Santa...

Como la corrección de mi último libro "En garras de nada" va muy lenta, lo cual me impide empezar un nuevo proyecto literario, decidí ejercitarme un momento en el ardid para no dejar ensarrar el Ars y escribir un poema. Me pareció justo ornamentarlo con una intervención de PJ Harvey y John Parish ("Pig will not"), que me acompañó durante este breve momento de placer matutino.

Eucaristía


1

¡Oh, Padre misericordioso!

Uno a uno, los niños fueron cayendo;
uno a uno, los impolutos cuerpos.
De ellos te armaste, sangre en tu hueso,
la más jugosa falange con que dictaste:


No se lo digas a nadie.
Apenas dio inicio la cena.


2

Tomad y comed todos de Él.

A como os atragantáis con las hostias.
A como secáis la fuente de vino.
A como percudís el óleo difícil de erradicar
de vuestra conciencia briosa.

¡Bien que hasta raspáis con espátula y no brilla!

Quizá convenga usar la lengua,
la tersura misma de sudarios,
los colmillos, las pezuñas, el forro de la Biblia.

Nada más grueso que la ley del mundo.
Ningún filo imperioso como su ruptura.


Porque ésos son los cuerpos
que serán entregados a vosotros.


3

Desde el cuello hasta la baja espalda
describisteis la sagrada curvatura,
tensaste cada gota de su agrio sudor de lima.

Vuestro aliento espesó sus semillas.

¡Tragad! ¡Tragad! ¡Tragad!
Paleta, morcón y morcilla.

Haced esto, lactante, en conmemoración mía.


4

Fundidlos a sus cunas.
Si hay tiempo,
dormidlos.
A todos vetad el ingreso
en esta fiesta de cetros y cuernos.

Anunciamos su muerte.
Proclamamos nuestra resurrección.


Sus domesticus, Sus scrofa
:

¡Roed Lejos!

Hanzel Lacayo