10.27.2009

?


Is there something
in the world
I could tell you
that could touch you
in your depths
and make you change
of shape and substance
to see the world
with different eyes
and feel the things
-and things that live-
with different hearts
so you may rest
from life and hell
that is the world?
Hanzel Lacayo

Fotografía: "Ephimere Vs. 1" (2008) ©

10.05.2009

Beso los clavos

Esta es una entrada informal, así que voy al grano: otra vez soñé con vos. Soñé que estábamos juntos, tal a como comenzamos, a miríadas (oh, cómo me encanta esta palabra) de metros incorpóreos lejos del mundo. Entonces empiezo a preguntarme si realmente las cosas están dadas a terminar ahí donde comienzan: es decir, si las cosas pueden volver a empezar. Lo cierto es que el sueño sofocó mi domingo y me clavó duramente a la cama.

La idea hace temblar mis vísceras. Al fin y al cabo, una ensoñación es una ensoñación, y por eso quiero decirte que nada tiene sentido: siempre logramos sobrevivir. La sangre siempre fluye a borbotones por el carril correcto y, aunque el lomo tolere un poco más esa dolorosa carga intangible, no por ello los pies caminarán más cansados. El truco es mantenerse -tal a como lo dictamina la canción-: por siempre respirando. ¿Qué es lo peor que podría sucedernos?

Es cuando me siento un poco más humanizado: lo peor que podría suceder sería que, habiéndote dejado ir, el rencor te retuviera, lazada roca a la espera, y todo lo que de vos surgiera fuese: tormenta, escozor, barco de guerra, en ese plano adonde apenas me atrevo a hacer acto de presencia, porque tengo miedo de dubitar, cometer una locura, pedirte cosas irreversibles.

Como te dije en el sueño: ningún año dura para siempre. Todo fue verdad; incluso, las mentiras. Y con esto sólo quiero abrir la presa (a mi mente aterriza la nueva canción de Thom Yorke -Open the floodgates-) para ver si esta vez te lleva el río. Estoy seguro, incluso, que sos el río y te has secado, pero yo te sigo correr del lado de los siglos que no han sucedido aún y el millón de botes que en sus aguas se destruyeron...

Hubiera dado todo por sentirme verdaderamente seguro sin arrepentirme, por no ser esa rama torcida en medio de tu jardín de árboles verticales. Que todas las fuentes estuvieran claras para que tomaras, mientras acariciara tus garras cansadas, y no te cansaras de tomar, tomar lo que te pertenece. Ahora, los escombros de la traición no tienen importancia pragmática. Si lo pensás bien, todo lo que decís odiar, todo eso a lo que creés ser indiferente: no existe. Ha muerto. Y como inconscientemente te dije en un poema: ¿Qué puede hacer la muerte contigo que no hayas hecho aún conmigo? (Me pregunto si habrás leído aquel mensaje cifrado de hace meses).

Me siento inmune y contemplativo ahora, mordiente al pie de la duda; quiero dar un salto, pero no me atrevo. Vamos, di. ¿Me dejas ir? Como sea, estaré bien... Beso tus clavos, aún frescos.

Hanzel Lacayo