10.23.2011

No te engañe la postal celeste


Tomo la postal celeste.
Es probable que la palmera ya no esté ahí.

Las olas llegarán como años rusos
años descritos en poemas,
y para nunca más emerger,
hombres zambulléndose en ellas.
¿Quién sigue a las ánimas por la cuesta
hasta no avistar más la ribera?

El ánfora legendaria
del Mar Muerto evaporadas aguas
no promete que de igual manera
de entre difuntos más importantes
su voz comunal algún día se esgrimirá.

Porque portamos el mismo nombre
y el mundo esté incompleto sin nosotros.
Porque haya golondrinas
que sin explicación se internan
indistintas en la mar
no precisamente cansadas de volar.
Salsa, sabor y color
en la postal celeste aparecen raídos.
Y esto justifica que haya suicidas en el trópico.


Hanzel Lacayo
Fotografía: "Untitled" (2011)

9.21.2011

Dios escribió tu nombre en mi sangre


Dios escribió tu nombre en mi sangre
con un hilo de labio
que se malea con la media tarde
tejiendo una red que al mar
retrae con el horizonte.

Me atrevo a oscurecer de día
y por las noches levo brillo.
Como el tiempo que las uvas
han cometido en las ánforas,
pero alguien se ha bebido todo el vino.

Las voces, los cuerpos y otra silueta
reservada para las traiciones,
la sinuosidad de una nuca embustera
y el arco de la espalda baja
que sin disparar una flecha, me caza.

Hemos sido dos los depredados
y al unísono, dos depredadores.
Nada de eso contra mí corrompe
ningún encanto del diablo,
si mis ojos se mecen en tu tiempo,
y el tiempo meces en tus ojos.

Dios escribió tu nombre en mi sangre.
¡Y quién puede huir de la sangre!


Hanzel Lacayo
Tomado de: "Hasta el fin" (2011) ©

9.10.2011

Cáliz


Toda mi vida gira en mi cara,

y mi cara es cual boca

ante una ciega tribuna:

hablando sin decir nada

—decir sin ser escuchada—.


Ojo hay ninguno

en mis senos óseos

que sí certifican el brillo.

Y soy un espanto seguro

en los más fastuosos ojos

enfilados en primera línea.


Mi valor conmueve todos los derechos

debatidos entre cara y triángulo.


Y a pesar de que nunca

podré estar quieta,

el sudor de tus manos
es lo único que ha hecho

distinto mi sarro

al de otras monedas.


Hanzel Lacayo
Tomado de: "Hasta el fin" (2011) ©

9.07.2011

Genealogía


Gusano precede a gusano;
no puede preceder a otra criatura.

Ni del lobo nunca os naceréis ovejas,
aunque un día os ocurriera:
cayera sacro óleo en vuestra lengua infernal.

De redenciones, obediencia al culto,
tallo derecho al devengar lo concreto.

¿Qué tiene por vulgo el corazón,
sino pretender cambiar por fuera?

Lobos sois y lobos pereceréis siempre:
mordidos o mordiendo,
bajo disfraz o a cuero expuesto.

¡Basta de pretender!

Hanzel Lacayo
Tomado de: "Hasta el fin" (2011) ©

7.10.2011

Canto de dos



Mi casa está en tu sangre
—el río que tu sangre conduce—
con delirio de mescal y ajenjo.

Tu jardín, sin rosas,
un cuerpo que se desintegra
en dientes de leones
para ofrecer del ramo
únicamente las espinas.

Por causa de mi feble coraza
tu aliento me engrosa
como el aire en Las Meninas
y tu ventana se cierra tamizando la luz
que por tu cuerpo pasa en braille.

En tu monte anido
haciendo compañía a la serpiente,
quitando al futuro sus escamas,
parchando manchas en blanco hueso,
recreándolo sin detenerme
para volverlo a destruir.

El lienzo es un abismo.
El aire lisado veneno.
Los espejos se inclinan
para descubrirse con horror ante ti.

Mi deseo te apunta
debajo de la hidrosfera
y mi silencio te escucha callar
como marinero que zarpa
siguiendo el lamento del Equidna
que se pierde como un grito en la selva.

Yo, el único
a quién niegas espacio,
sin hábito por el vulgo,
desconocido a la perfección,
canto de gallo
a madrugadas refractario,
sonda celeste
explorando tu carne de humo;
del rubor de polluelo
al terror aguilezco,
en un año o dos,
en el desdén de trillones…

¡Ése es el momento!
¡Desaparezcamos entonces!
Hanzel Lacayo

Fotografía: "It doesn't matter who you are" (2010)
©

6.25.2011

Quemas la tierra, pero la maleza volverá


Quemas la tierra, pero la maleza volverá. No hay rastrillo capaz de asegurar que no reaparezca.

En igual medida, la oscuridad no nos es indiferente; no mueve un dedo para hacerse notar, y como las semillas enterradas en profundos horizontes de suelo, también planean en el aire y germinan a destiempo. Imposible repelerlas. El esfuerzo debería procurar acostumbrarse a ellas, aceptar su savia amarga, seguir las instrucciones de su perentoriedad, empezar a decorar con la flor de la malva, y dejarlas seguir creciendo entre los arbustos acabados, luminosos y comedidos del jardín.

Al final, de alguna manera la maleza logra reproducirse tan magistral, y no por ello resulta menos agradable su polen cuando crea apenas deleznables, memorables flores, que merecen su belleza por la increíble velocidad como cubren el campo y lo inundan todo, todo, todo, con la opacidad espesa de la verdad."

Hanzel Lacayo

6.05.2011

Sólo los insectos me odian

"Sólo los insectos me odian. Tengo mucha gente que me quiere. Me odia la gente que me debe odiar. Y así es como debe ser." S.S.

4.04.2011

Hasta el fin


La pesadumbre más exquisita y la voluntad más pertinaz sustentan –y también martirizan– esa poesía densa, ardua, setenta veces siete meditada, que constituye para el público lector un reto intelectual, pues desecha “eso que tiene mucho / de reiterativo y que todos anhelan oír”. Con mayor equilibrio que en sus libros anteriores, el autor integra a su discurso poético las vistosas palabras desusadas de las que hacía gala el modernismo, junto con los vocablos especializados provenientes de diversas áreas del saber, y no nos deja adormilarse sobre las armonías. Es toda una “insurrección solitaria” contra el empobrecimiento del lenguaje. Con pleno derecho advierte el poeta que sus tinieblas se reflejan en diamantes.

Helena Ramos